Y finalmente me llegó la factura de CTI luego que decidieran facturarme 1400 pesos de un día para el otro. Fueron semanas de llamar todos los días a un servicio de atención al cliente que no está preparado para responder en estos casos, que contestaban cosas imposibles de creer para cualquiera, de desgaste absoluto. De mandar cartas para dar de baja el servicio (si, es increíble que haya que mandar una carta comunicando el deseo de darse de baja, llamar a los 10 días para comprobar que haya llegado la carta, bancarse que te hablen 10 minutos y te ofrezcan cosas que luego no cumplen para que no te des de baja, etc). Finalmente, me reconocieron que habían tenido problemas con sus sitema de facturación con muchos de sus clientes que utilizan el servicio GPRS. Me dijeron que me llamaría alguien del servicio de facturación y que no me cobrarían los 1400 pesos.

Y esto fue lo único que cumplieron, porque no es que no me cobraron los 1400 pesos, sino que no me cobraron absolutamente nada, supongo que en ocmpensación por todo lo que les grité en el teñefono.

Sigo sin recomendar CTI, de hecho me cambié a movistar, que tampoco parece ser ninguna maravilla. Te cobran siempre más de lo que te dicen cuando te venden los planes (casi siempre vendedores que se hacen los langas) y te dan folletos con productos, como paquetes con precio fijo para bajada de datos GPRS, que cuando uno llama al servicio de atención al cliente para contratarlo te contestas “lo siento, pero todavía es un servicio que no brindamos porque estamos en fase pruebas”. Cuando le pregunta entonces por qué es que lo ofrecen un servicio que no pueden brindar, la respuesta es siempre la misma “bla bla bla…estamos en fase pruebas”.

Claramente el sector de la telefonía móvil está muy poco regulada por el gobierno, con lo cual las empresas que operan en el sector hacen lo que quieren. Es una vergüenza todos los requisitos que pide CTI para poder darse de baja. El proceso hace que sea casi imposible hacerlo, y que tengas que pasarte a tarjeta para que no te roben más. Es lo que terminé haciendo, y no pienso cargarle nunca un peso.

En la Argentina se regulan los precios de todo tipo, pero nadie parece preocuparse por regular esta industria que roba constantemente nuestros bolsillos y que actúa como le da la gana.

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