Durante los primeros días posteriores a la avasallante victoria de Mauricio Macri en la primera vuelta de las elecciones a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el presidente Néstor Kirchner estuvo muy involucrado en la campaña de su candidato, Daniel Filmus. Esto se debió principalmente a que el Presidente quiso medir su popularidad y poder de influencia por última vez antes de decidir dar la candidatura a la presidencia en octubre a su esposa, la senadora Cristina Fernández de Kirchner. El presidente sabe que su imagen (que no es lo mismo que decir su gestión) está devaluada y por eso es que su esposa será candidata en octubre, pero antes de ceder su trono quiso hacer una última prueba.

Sin embargo, el presidente Kirchner cometió un error importante que no puede permitírsele a un estratega. La capital siempre le fue esquiva a los peronistas. El electorado de la capital es distinto al del resto de país, no le gusta el discurso ni de izquierda ni de derecha ni de centro. No le gusta la retórica. Y eso es algo que Kirchner parece no entender o se niega a entender. Si Filmus llegó al ballotage es porque individualmente es un gran candidato, porque su gestión en Eduación ha sido de las mejores de las última décadas.

La ciudad de Buenos Aires es anti-peronista y no está de acuerdo con muchas cuestiones de la gestión K. El presidente quizás podría haber torcido el rumbo de elecciones similares en otras partes del país (aunque no pudo tampoco en Misiones), pero no en la Capital Federal. Por el contrario, estoy seguro que haberse metido en la campaña provocará varias cosas a partir del próximo domingo:

1) Que la derrota de Filimus ante Macri sea por un amplio margen (me atrevo a decir que por más de 35 puntos)

2) Que tan amplia derrota signifique la desaparición (al menos por un buen tiempo) de un gran funcionario como es Daniel Filmus.

3) Que producto de esta importante derrota, el Presidente finalmente decida que será su mujer la candidata a presidente en octubre.

De estas tres conclusiones, la que más me duele, sin dudas, es la número 2.