El fútbol en Argentina es un caos. Y esta, claramente, no es una afirmación basada únicamente en los incidentes posteriores al partido entre Nueva Chicago y Tigre que dejaron un muerto y 78 heridos. Las imágenes de lo que pasó de por sí ya son muy elocuentes.

El listado de muertes de hinchas producto de conflictos entre las hinchadas asciende a 222 desde 1939 hasta el 25 de junio de 2007, día en que Marcelo Cejas, de 41 años e hincha de Tigre, murió como consecuencia de un piedrazo en la cabeza. De estas 222 muertes, 87 se produjeron durante la presidencia de Julio Grondona. Es decir, casi el 40 por ciento de las muertes por el fútbol en 68 años se produjeron en los últimos 28 años.

El fútbol argentino necesita un respiro, una persona que tenga la autoridad suficiente para tomar las medidas que hay que tomar. No un personaje desgastado por el trajín de los años, una persona cuya autoridad no respetan los presidentes de los clubes, una persona que pueda unificar al fútbol argentino detrás de la bandera de lo que es: un deporte. Solo eso… ni negocio, ni poder, ni nada más que un deporte. No se puede más que sospechar de los motivos de una persona que sigue en el mismo cargo hace 18 años. Si fuese un gobernante, a esa persona se la llamaría Dictador. A Grondona, en cambio, parece que se le tiene miedo. Sin embargo, Grondona se niega a renunciar y niega que la AFA sea responsable de los incidentes. Con este mismo ejemplo, los presidentes de los clubes hacen lo mismo, y así estamos.

Durante su presidencia la Argentina consiguió la Copa del Mundo en el 86, fue finalista en el ’90 y se conquistó la Copa América en 1991 y 1993. Pero también se ha sumido al fútbol en el caos total. Los incidentes son moneda corriente, ya no se puede ir a disfrutar un partidoa la cancha sin tener miedo a los incidentes que casi con seguridad ocurren en los estadios todas las fechas. Las miembros de una misma hinchada se masacran entre ellos. Los clubes, salvo Boca, están todos en bancarrota o con pasivos astronómicos. Pero Grondona se niega a renunciar.

Hay que dar paso a una nueva generación de dirigentes del fútbol que se preocupen por recuperar la grandeza del fútbol argentino, el espectáculo, la alegría de ir a una cancha. Dirigentes que no quieran el poder o lo que sea que les da el cargo, que no negocien con barrabravas que tan mal le hacen a nuestro fútbol. Nuestro fútbol necesita muchas medidas, pero sobre todo dirigentes capaces de tomarlas. Hay que tener mucho valor para decidir bajar de categoría a un equipo que falsifica sus balances o que provoca desmanes como los que se provocaron en Mataderos. Una simple quita de puntos no soluciona nada. Decidir que por un tiempo a los partidos solo puede asistir la hinchada local requiere también de mucho valor. Lejos de matar al fútbol, lo ayudaría mucho. Por lo menos habría menos incidentes y no mataría a personas.

Para todo eso se necesita de una persona fuerte capaz de lograr un consenso entre los dirigentes para lograr tomar una serie de medidas que mejoren la situación de nuestro fútbol. Y quienes no las cumplan, que sean debidamente castigados. Julio Grondona ha demostrado que no es capaz de hacerlo. Como toda persona que quiere perpetuarse en un puesto de poder, a la larga su figura se termina desgastando… y en este caso en particular ya se ha gastado del todo.