Yo tenía 19 años. Era mi primer año en la facultad y era un día que entraba más tarde. Recuerdo que estaba caminando para la facu cuando veía mucho movimiento raro, la gente actuaba extraño, la gente prendía las radios de los coches y no avanzaba cuando el semáforo se ponía en verde. Muchos tenían cara de desconcierto. Solo tuve que entrar a Zürich, un bar en Echeverría y Cuba y preguntar qué había pasado. Volví como un idiota para mi casa hasta que reaccioné y me fui a ayudar a lo que quedaba de la AMIA.

En este 13 aniversario del atentado a la AMIA, mi recuerdo a quienes no están más, a sus familias a quienes vivieron ese horror. Y también me sumo, como otros tantos millones de argentinos, al único pedido que es posible: JUSTICIA.

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