Hay cosas y cosas en el mundo. Algunas se pueden hacer y otras que la verdad es que no son muy acertadas. Un caso claro de este último grupo es la nueva botella de “Pisco 7,9” que el gobierno peruano va a regalar a quienes ayudaron a las víctimas del violento terremoto (7,9 e la escala de Richter, de ahí el nombre de la botella de Pisco) que afectó a ese país.

Esto demuestra que, salvo Chile (justamente con quien Perú se pelea por la patente del Pisco), Sudamérica es un continente bananero que no se le ocurren mejores ideas que las de regalar cosas por ayudarte cuando más necesitás ser ayudado y cuando con ese dinero se podrían hacer muchas mejores cosas. Un ejemplo de lo que se podría hacer es justamente destinarlo a paliar la crisis, reconstruir caminos o evitar epidemias. ¿No es tan difícil pensar en mejores destinos para ese dinero, no?

Una medida patética, simplemente inexplicable. Es como hacer remeritas que digan “Yo sobreviví al 11-S” o “Yo sobreviví al 11-M” o “Yo sobrevivo todos los días a los atentados en Medio Oriente”.

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