octubre 2007


Nunca estuve tan indeciso sobre a quién votar y nunca vi tanto desinterés de la gente por votar. Yo realmente creo que votar es una obligación (aunque creo que el voto debe ser optativo), sobre todo en un país donde se nos privó de hacerlo durante tanto tiempo. Sin embargo, las opciones fueron de las más pobres en mucho tiempo. La continuidad del clan K, el mismo discurso de Carrió o una serie de distintas opciones justicialistas como Lavagna o Rodriguez Saa.

Llegué a la mesa para votar a las 8:30 (y bueno, tengo un hijo de 11 meses y hoy le tocaba dormir un poco más a su mamá, así que fuimos juntos), y la mesa recién se había constituido. El presidente de mesa era un chico que votaba por primera vez y seguramente estaba contento con la novedad, así que lo engancharon. Mucho no entendía el pobre, porque cuando le mostré mi DNI miraba a mi hijo y se mostraba sorprendido. Y es que somos un poquito parecidos de chiquitos. Di vuelta las hojas de mi DNI hasta mostrarle la actualización, y ahí su cara de horror fue mayúscula cuando me dijo “creo que tenemos un problema… aca dice que sos del 90 y no creo que tengas 17 años”. Solo pude reirme mientras le explicaba que esa era la fecha de actualización y que había nacido en el ’73.

Sin embargo, este es un simple ejemplo de lo que se viene palpando estos últimos días, del desinterés por la vida política del país, de la desidia a la hora de elegir a quienes van a representarnos, a dirigir los hilos de nuestra economía, de nuestra seguridad, de la educación de nuestros hijos.

Sigo soñando con el momento en que se produzca una renovación seria, en que aparezca un movimiento nuevo, de una nueva generación. Que venga desde fuera del aparato político tradicional y no esté enviciado con tanta corrupción. Y sigo soñanado con el momento en el que la gente se involucre más en el proceso electoral y que no solo reacciones cuando se viene todo abajo, como en el 2001.

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– Noto mucha apatía de la gente respecto a las elecciones. No escucho las habituales charlas politiqueras de bar, sólo comparables a cuando argentina juega un mundial y todos nos convertimos en técnicos.

– No tengo ni idea de a quién voy a votar.

– Tengo la certeza de que no va a ser Cristina Fernández. No la voy a votar porque no concibo esta nueva forma de herencia de la presidencia. En una monarquía está aceptado. Es claro que el príncipe Felipe va a suceder al Rey Juan Carlos. Pero no hay casos en la historia en el que la primera dama sucede a su esposo en la presidencia. Esto es parte de lo que los argentinos armamos en democracia, una clara muestra de que no estamos todavía preparados para vivir en una democracia seria.

No voy a votar a Cristina porque no concuerdo con su modelo. No concuerdo con el plan económico, ni con la forma autoritaria de ejercer el poder, ni con la actitud de no atender a medios de prensa locales hasta un día antes de la veda electoral. No puedo quitarme de la cabeza que fue la persona que trabó y dio por el piso la ley de transparencia en el congreso desde su rol de senadora de la Nación.

– Las alternativas no son muchas. Tenés a Carrió y Lavagna… Rodríguez Saa, López Murphy y Sobisch están fuera de toda disputa posible por un eventual ballotage.

– No estoy tan seguro luego de tantos escándalos en el gobierno de que Cristina gane en primera vuelta. Más bien creo que es algo que quieren imponer en la opinión pública. ¿Por qué? Porque hay desgano y buscan que la gente no vaya a votar, o vote en blanco.

Que hay que ir a votar. No solo porque es algo de lo que se privó a los argentinos durante muchísimos años, sino porque si se reduce el padrón, o hay muchos votos en blanco, Cristina va a necesitar un menor porcentaje para ganar en primera vuelta.

Se pueden ver cosas como esta, que pretende convertirse en hit o en vaya uno a saber qué… de todas formas, el veredicto es categórico: lamentablemente, decadente… divertido de tan patético que resulta que algo así aparezca en la tele y pretenda convertirse en algo más que una payasada…

y para ello, un chiste de salón que, lamentablemente, deja mucho en que pensar….

Un tipo entra a un restaurante de última generación y sale a recibirlo un robot, perfectamente vestido de maître, que le dice

–  “Lo siento señor, pero todas nuestras mesas están ocupadas y tendrá Ud.  que esperar una media hora. Estoy muy bien programado y, si usted lo  desea, mientras la casa lo invita a una copa  en la barra, podemos conversar un poco para que la espera sea más  agradable”.

-“Bueno…  de acuerdo”, contesta el cliente sorprendido.

-“¿Le  importaría informarme cuál es su coeficiente intelectual?”, pregunta   el robot-maître,

Y  el cliente, sobrador, responde: – “Es de 160”

Durante  los treinta minutos siguientes el robot dialoga con soltura y amenidad  sobre los últimos acontecimientos culturales,  analiza  las previsibles tendencias de la economía mundial y se refiere a los más  recientes avances científicos y tecnológicos.

El  cliente queda muy impresionado y al cabo de unos días decide volver para   ver cómo reacciona el robot, pero ahora diciendo que su  coeficiente intelectual era de 95.

El  robot estuvo los treinta minutos de espera  comentando el desarrollo del torneo de fútbol, los triunfos internacionales de  algunos tenistas y también los últimos programas de “Gran Hermano”.

Lleno  de curiosidad, por tercera vez vuelve a los pocos días y, cuando el robot  se lo pregunta, le dice que tiene un coeficiente intelectual de  50.

Entonces,  el robot comienza a hablar lentamente, y en tono confidente le  dice  -“Así  que volveremos a votar a Kirchner, ¿no?”

Albert Rivera fue el pionero en las elecciones autonómicas catalanas del 2006. Ahora los candidatos municipales Ariel Rodríguez, de Cúcuta, y Niel Medinade, de Barranquilla, le copiaron esta dudosa estrategia marketinera.

Puedo llegar a imaginarme a Cristina K en uno de esos afiches, con el mayor respeto del mundo y aunque no coincida políticamente, porque hay que reconocer que es una linda mujer. Pero se imaginan a Lavagna? ¿A Bullrich? ¿Stolbizer? ¿Bullrich? 😦

Uffffffff…. me parece que el 23 no voy a votar nada ahora 🙂

Sumate al boicot que se le está haciendo a los productores de tomates. Sencillamente es increíble que un kilo de tomates cueste lo mismo que un kilo de carne, y de la buena. Siempre no quejamos y la siempre termina en lo mismo, la nada misma. Ahora, por lo menos durante el primer día del boicot al que llamaron distintas organizaciones de defensa al consumidor, el precio del kilo de tomate bajó a 10 pesos. Y hay que seguir con el boicot hasta que baje a un precio razonable.

Soy un tipo al que le gusta que el mercado rija los precios, pero no acepto que unos vivos quieran joder al resto de la población. Con acciones conjuntas se pueden lograr resultados. Hay que quejarse y actuar en consecuencia, no solo hablar y quedarse en la queja. Hay que hacerse escuchar donde nos pueden escuchar.

Y no te olvides que la próxima vez que te pueden secuchar es el 23 de octubre 😉 Yo, por lo menos, estoy cansado de siempre lo mismo… Lamentablemente, eso incluye que no haya alternativas que valgan la pena.

Hasta hace unos pocos días estuve enviando invitaciones a los (todavía pocos ;)) lectores de este blog que querían ser parte de Joost. Esto ya no es necesario a partir de ahora, porque ahora Joost se ha vuelto masivo con el lanzamiento de su versión 1.0. Es decir que ingresando aquí cualquiera puede bajarse el ejecutable y comenar a disfrutar de Joost.

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