No sólo se murió un gran hombre. Se murió uno de los pocos políticos “sanos” que tuvo la Argentina desde que volvió la democracia. Se murió un verdadero demócrata.

Los detractores de Alfonsín dirán que pactó con los militares las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Y tienen razón. Dirán también que no supo qué hacer en materia económica. Y también tendrán razón.

Pero sus detractores pocas veces (por no decir ninguna) supieron reconocer que a Alfonsín le tocó gobernar luego del periodo más oscuro de la Argentina. Alfonsín llegó a la presidencia y tuvo que optar por fortalecer un sistema político con sus instituciones que no existían, o intentar fortalecer la economía. Optó por volver a desarrollar las instituciones democráticas y fortalecerlas lo máximo posible. El fortalecimiento de la economía llegaría luego. Las revueltas militares fortalecieron a la democracia (los argentinos dijeron masivamente que no querían más militares en el gobierno), pero retrasaron cualquier intento serio de fortalecer una economía muy debilitada. Y la hiper del ’89 hizo que se fuera antes.

Alfonsín juzgó a los militares del Proceso de Reorganización Nacional, pero también pactó con Menem el indulto a los mismos que metió en la cárcel. Alfonsín llevó en el ’83 a la la UCR a su primera victoria frente al PJ en las urnas, donde siempre lo había vencido, y luego dar el puntapié inicial (aunque involuntariamente) del desmembramiento de su partido con el Pacto de Olivos. Alfonsín fue un líder, con muchas equivocaciones, pero un líder.

Tuve la oportunidad de entrevistarlo varias veces en el ’97 mientras hacía una pasantía en Ambito Financiero. Ahí pude descubrir que era un hombre íntegro y que, más allá de cualquier acierto o equivocación, buscaba el bien de los argentinos.

Mis más sinceros respetos al Presidente, al Líder, al Demócrata.

alfonsin